Casi me había olvidado de cómo olían estas calles...

          Hacía seis años que pisé el continente negro por primera vez y el primer día aquí, ya recordaba ciertas cosas que nunca habían desaparecido de mi despistada y olvidadiza cabeza: la sonrisa permanente, los olores fuertes, los sabores especiados de sus recetas o las abarrotadas calles al atardecer con un sol difuminado que cae lento...

               

          Dicen los sabios blancos (Tubaap, como nos llaman) del continente, que a África siempre se llega de noche. Pero nosotros aterrizamos en Banjul con un sol implacable.

                Visa de turista (costreo máximo), primeros roces con las autoridades y algunos nuevos contactos como Guillermo. Él es director de Africanarias, una ONG con dos proyectos concluidos en Mauritania y Senegal y uno en proceso en Gambia. Canario, simpático y tremendamente unido de alguna manera a este continente. En los próximos días visitaremos la escuela que intentan sacar adelante en Lamin: gracias.

                Batwo, nuestro intérprete y conductor, ya esperaba en la salida del aeropuerto para llevarnos a nuestro hogar en las próximas semanas.

                El primer trayecto fue un recuerdo continuado de aquel viaje años atrás a Senegal con Rumbo al Sur; caras sorprendidas con nuestro color de piel, niños que solo con verte la cara saben de dónde vienes e incluso españoles convertidos en africanos a la fuerza.

                Estos días atrás los hemos pasado en Lamin, en la escuela que la ONG ASEDA Gambia apadrinó en 2004 y que junto con otros sponsors ayuda a la escolarización de más de 400 niños. Javier Blanco, su director, después de aguantar nuestras miles de dudas durante todo el año, estos días nos ha acogido con los brazos abiertos y nos ha enseñado que nos podría ayudar en la primera toma de contacto con la telaraña de ONGs que trabajan en Gambia.

                La entrada fue asombrosa y el recibimiento en la escuela todavía mejor. Coincidía con la salida de los chiquillos al recreo y en vez de extrañarse con nuestra presencia corrían hacia nosotros con una sonrisa relucientemente blanca. Nos pedían auparles, darles la mano, jugar con ellos... Una invitación a la más pura y verdadera de las felicidades e inocencias, la de un niño.

                Javier pronto nos presentó al director de la escuela y al de primaria; y tuvimos la oportunidad de entrevistarles para saber todo aquello que nos ayudará pronto a empezar con nuestro proyecto.

                La noche, por insistencia de Javier, la pasamos en Lamin en la casa de voluntarios donde pronto treinta y cinco jóvenes españoles llegarán a la escuela para sacar adelante un campamento de verano para los niños. ¡Ánimo y fuerza! Quizás pronto brote en vosotros aquello que llaman el mal de África. Volveréis a casa y estaréis enamorados de un país, de un continente.

                Esta tarde toca la Smiling Coast of África, bañarse mirando a ese mar que decenas de años atrás transportaba a un futuro negro a tantos gambianos.

 

                Somos seis desconocidos aun en nuestro grupo, pero poco a poco vamos sumando viajes juntos o bien algunos incluso pisan el continente hermano por primera vez. De una u otra manera trabajamos duro para un objetivo: sacar adelante un proyecto educativo. Estar aquí de nuevo supone un nuevo grandísimo paso.

                Jërëjëf

Nacho Pamíes Masso

Co-Responsable del Proyecto Educativo en Gambia

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